EN QUÉ PENSAMOS CUANDO HACEMOS TEATRO
Isael Almanza
Isael Almanza
El propósito de este texto es preguntarme sobre las interrogantes por las que he pasado cuando me encuentro en un montaje teatral, las cuales han ido variando conforme voy desarrollando un nuevo proceso.
Gran parte de las razones por las que uno hace teatro se deben a un principio de expresión pura e impulsiva, una necesidad de decir yo soy, yo quiero así.
Y en este primer paso, lo que emociona a la gente que ve el escenario colmado de esto que acabo de mencionar, es conocer el mundo interno de las personas que realizan el ejercicio escénico. Luego, el proceso de pensamiento se desarrolla por caminos con nuevos lenguajes, donde, sin duda, aparecen las contradicciones en el discurso y en una serie de elementos técnicos y artísticos. De pronto el escenario que en su esencia era un impulsor de las pasiones humanas, se transforma en un código intelectual indescifrable y lleno de capas que paulatinamente van oscureciendo el relato.
Recuerdo a un maestro y director de escena, decirme: «se trata de quiénes quieres que sean tus amigos».
¿Qué es lo que me impulsa a crear de diferentes maneras la obra? ¿La originalidad o el diálogo con una posible realidad? en este punto, tengo que reconocer que mientras más se va desafiando a la creación, más se torna tentador que las convenciones sean complejas. Esas ideas son provocadoras para la mente, y es aquí en donde la construcción puede volcarse a favor o en contra. Toda convención requiere su gran dosis de imaginación, sin embargo, si la provocación no me modifica e insta a querer saber por qué apareció, es mejor dejarla ir, por más “interesante” que esto pueda resultar. Es decir, hay que encontrar su origen y entenderlo, ya que cada montaje tiene sus particularidades y necesidades.
Hay a quienes la vanguardia escénica los colma en su interior artístico, sin embargo, me surge la pregunta: ¿cuáles son las necesidades del espectador, de la audiencia? Por supuesto, no basta con salir a las calles y preguntar a la gente qué quiere ver en el teatro, porque ahí sí estaríamos cayendo completamente en una banalidad del encuentro e intercambio.
¿Cómo dialogar entre un teatro emergente que quiere abrirse paso, y un teatro que está consolidado? En ambos sentidos existe un riesgo en la búsqueda de agradar y ser complaciente, pero en este caso, no me refiero al público en general, sino al circuito cerrado de la propia gente de teatro, ¿a quién se busca complacer, o a quién se busca caer mal? Es un juego que se torna en un círculo vicioso.
Habrá que poner el ojo en aquellos trabajos escénicos que nos remiten a cierto arraigo, en ese trabajo que sin importar su origen, ni trayectoria llegan a marcar una pauta, a esos que “quisiera que fueran mis amigos”.
Foto Hector Ortega de la obra Cuando todos pensaban que habíamos desaparecido. Creación Colectiva Vaca 35, Teatro en grupo.
De cierta manera, algo que no se menciona es ¿quiénes son parte de esta creación? No es cosa menor en lo absoluto, pues casi siempre el crédito lo lleva el director o dramaturgo como autores de la creación, pero no habría que dejarlos en el anonimato, ya sea como reconocimiento o como responsables de lo allí hecho. Me niego a la relación patrón y subordinado, a la simple ejecución de las “labores” por jerarquías. No en el arte colectivo de creación de obra.
Me interesa poner el énfasis en lo colectivo porque me ha llamado la atención la programación en residencia de estas colectividades, ya que considero que han logrado dar claridad al trabajo -tan particular y caótico-, que propone el colectivo.
Existen dos compañías* interesantes y puedo distinguir como diferentes sus trabajos, más no opuestos; en ambos ejemplos, estamos ante posturas y procesos de creación que a fin de cuentas es uno de los territorios que más me interesa observar. Dos líneas distintas de convención que logran tener arraigo, y en ambos casos, recomiendo ampliamente asistir a sus ciclos, ya que dotan de aquello el objetivo de la residencia: habitar el teatro con sus creaciones.
Cuando los procesos de creación se dirigen no sólo a la imposición del individuo, regidos por su gusto, los resultados llegan a tener mayor aliento y el ejercicio de complementación se logra abrir paso a una vida escénica más rica y provocadora. Tal vez se lleve uno más tiempo de elaboración en el montaje pero es una manera de poder huir de la masificación, solo así lograremos alcanzar aquellas particularidades que nos significan como colectivo, como grupo representante de un lugar, de una necesidad.
Entonces, ¿en qué pienso cuando hago teatro? Pueden suceder muchos pensamientos, pero no me detengo en aquellos que se logran por su inmediatez. No hay que tener prisa para crear. Tal vez así, podamos poner un alto a la inmediatez de las actuales formas de programación del circuito teatral, para que podamos ver aquellos montajes que son limitados a dos semanas o un mes de programación y así, recomendarlos.
Imagen del programa para la residencia en el Teatro El Milagro de la compañia Lagartijas Tiradas al Sol
*Compañías programadas en ciclo de residencia en el Teatro El Milagro: 6 de Julio al 16 de Julio, Lagartijas Tiradas Al Sol; 20 de Julio al 13 de Agosto, Vaca 35 teatro en grupo.